jhames rhodes music

James Rhodes, music as a lifesaver

«Si escuchar música resulta balsámico para el alma, interpretarla equivale a alcanzar la iluminación. Es un proceso semejante a empezar dándole patadas a un balón con unos colegas en el parque y acabar jugando junto a Iniesta».

Hacer música «producirá resultados importantes, tanto en lo referente a tus capacidades como en lo relativo a tu estado de ánimo […]. Esto sucede sea cual sea tu cociente intelectual. Es decir, puedes ser todo un memo (como es mi caso, sin ir más lejos), y aún así beneficiarte del hecho de que te convierte en una persona más desarrollada y satisfecha.

También puede volverte más sociable, contrariamente a lo que puedas pensar en un primer momento. Puedes interpretar junto a tus hijos, tu pareja, un amigo. Puede ser algo inclusivo que mitigue, hasta cierto punto, nuestro aislamiento creciente y nuestra alarmante costumbre de olvidar cómo conectar con los demás. En Estados Unidos, no hace demasiado tiempo, había más pianos que bañeras. Y estoy segurísimo de que la gente era entonces más feliz y vivía con menos presiones, aunque todo oliese un poco peor»*.

Quien dice todo esto es James Rhodes, una persona con historia: cuando tenía 28 años, dejó sus negocios en la City londinense y decidió convertirse en concertista de piano, «pese a llevar una década sin tocar (y después de haber sido, como mucho, un adolescente mediocre)», según declara él mismo.

Final feliz: hoy James Rhodes da conciertos por todo el planeta.

Pero su llamativa historia tiene otra lectura más dramática, y los párrafos anteriores se cargan con un sentido nuevo a la luz de esa biografía: en su infancia, James sufrió abusos sexuales que lo llevaron al abismo del aislamiento, la culpabilidad y los intentos de suicidio. Él dice que le debe la vida a Bach. Dice que si está vivo, es porque comenzó a hacer música.

Ojalá nadie necesite llegar a extremos así para decidirse a hacer música, por ejemplo cantando en un coro.

No sabemos si algún coro habrá salvado vidas, pero sí es seguro que ha condicionado profundamente unas cuantas. ¿Te suena?

* Extraído de «Toca el piano» (James Rhodes, Ed. Blackie Books. Barcelona, 2016)

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