Los escenarios más pesimistas sitúan la actividad de los coros entre una de las de mayor riesgo en tras la pandemia COVID-19. Su actividad se desarrolla y basa su realidad en que sus miembros canten juntos y compartan aire a menos de la distancia considerada de seguridad.

Por el momento no se ve una forma segura de que los cantantes que ensayen en grupo antes de que exista una vacuna o un tratamiento eficaz ante la enfermedad; al menos estas son las afirmaciones de especialistas que nos llegan desde EEUU. Este mensaje se compartió en un seminario web entre expertos médicos y directores la pasada semana y ha sido un gran choque para toda la comunidad coral.

El informe ha sido aleccionador y asombroso y ha hecho evidente la gravedad de esta crisis.

Maine-Robert Russell, director musical de ChoralArt.

Una de las bases del canto se encuentra en el trabajo de los cantores por mover el aire y practicar la respiración. Impostar la voz supone mover ese aire muy por encima de lo habitual y, por supuesto, la opción de utilizar mascarillas no es compatible con la práctica del canto, puesto que podría dificultar la respiración y provocar la disminución de los niveles de oxígeno, causando mareos y dolores de cabeza.

Reabrirán iglesias, teatros y escuelas de música, pero parece que los coros que las conforman aún deberán permanecer durante un buen tiempo en silencio.

¿Hay alternativas a los ensayos de coro en grupo?

Durante la etapa de confinamiento la mayoría de los coros han recurrido a los ensayos virtuales, comenzando primero por práctica individual y aprovechando este tiempo para para reforzar otras habilidades como la lectura a primera vista o la práctica del solfeo, que suelen quedar en un segundo plano en los ensayos de coro tradicionales.

Por otro lado son muchos los coros que se han decantado por aprovechar los avances de la tecnología para llevar a cabo sus ensayos; el uso de aplicaciones didácticas como Singerhood les permite ensayar obras polifónicas en sus casas, sin perder la referencia de estar cantando acompañados por otras voces e instrumentos. Estos ensayos individuales se trasladan después a videoconferencias grupales o a grabaciones individuales que luego son montadas en conjunto, para que todos puedan disfrutar del resultado.

Los coros virtuales no son nada nuevo, como ya comentábamos en nuestro último post, pero ahora han adquirido una nueva dimensión, una dimensión útil. Ya no se trata del entretenimiento de realizar un montaje con el grupo con el que cantas habitualmente, sino de una necesidad para comprobar cómo las voces vuelven a sonar unidas.

Probablemente, cuando superemos esto, no solo tendremos mejores coros, sino que probablemente, también tengamos mejores músicos.

Es el momento de ser creativos y no dejar que la práctica coral caiga en el olvido, es el momento de que las buenas prácticas de estudio individual marquen la diferencia de calidad en todos los coros.