choir

Si, canto en un coro

Cantas en un coro y vas a comprender de qué te hablo.

Como promedio, podemos estimar que conocemos a unas cuatro personas que cantan en algún conjunto coral.

Llega el cuñado, que no está familiarizado con estas cosas (ni con otras muchas, pero está familiarizado con nosotros), y afirma rotundo: «Exageras. Yo no conozco a ningún cantante», pero enseguida se le prende la lucecita: «¡Un momento!, ¿quieres decir coros… como el de la iglesia?». Te toca entonces explicar que, aunque la música religiosa tiene infinitas posibilidades, no os referís a lo mismo.

La mayoría de los coros de los que hablo están formados por aficionados, en muchos casos sin formación musical académica, que han convertido cantar en su entretenimiento porque además (y si cantas lo sabes), cuando empiezas ya no sabes dejarlo y los grupos que se forman suelen ir mucho más allá del nexo de un hobby. La práctica conjunta del canto genera un vínculo social muy particular, y esto sólo se puede comprender cuando se ha probado.

Bueno, pero hay muchas otras actividades para elegir. Por ejemplo, está muy bien ir al gimnasio (pero a veces da pereza), quedar para echar un partido de fútbol (pero unos días llueve y otros vuelves con un moratón en la espinilla), montarte el mobiliario de casa «Do It Yourself» (muy relajante, pero casi nunca se comparte). Lo del coro no tiene ninguna de estas desventajas.

Entonces, ¿hay que lanzarse de inmediato a buscar un grupo de polifonía donde inscribirnos?

Quietos todos (tú también, cuñado). Cantar en un coro tiene una pega que echa para atrás: aprenderse las obras, particularmente si cuando te dan una partitura sólo piensas en manchas que para ti no significan nada.

Hoy en día, la mayoría de los coralistas practican con mucho más esfuerzo del que debería ser necesario. La culpa la tiene esa llamativa falta de materiales de estudio que faciliten las cosas. Aunque prometían ser la panacea, no es solución recurrir a archivos de sonido MIDI (¿recordáis la música en pitidos de la Game Boy?, pues eso) que ayudan a saber qué sonidos deben cantarse, pero haciendo malabares para descubrir cómo encajar la letra de la partitura en todo ese batiburrillo.

Y esta dificultad es la que nos lleva a abrir este blog y a participar en el proyecto Singerhood.

Seguiremos informando…

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