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Cuando suenan disonancias: resolución de conflictos dentro de un coro. WSCM

Marita Goga y Simon Halsey presentan su ponencia sobre resolución de conflictos dentro del coro a través de la mediación.

El World Symposium on Choral Music que se celebra en Barcelona sirve de entorno para conciertos corales, clases magistrales, talleres y contacto entre integrantes de las distintas cuerdas, porque sopranos, contraltos, tenores y bajos necesitan convivir para mejor expresar su arte en el escenario.

Sin embargo, precisamente la convivencia de cantantes puede suponer fricciones que hay que saber tratar.

La gente tiene diferentes necesidades y opiniones. Todos necesitamos el respecto de los otros. En un coro, se presupone el interés común por interpretar música, pero todo el entorno alrededor puede provocar conflictos que afectan al conjunto.

Un clásico es la competitividad entre voces o de cantantes dentro de una cuerda. Más raro resulta el conflicto entre distintas agrupaciones.

La mediación es una dinámica que se extiende desde el siglo XX, pero sus orígenes pueden rastrearse hasta las primeras civilizaciones, floreciendo en el Extremo Oriente, desde donde alcanza Estados Unidos a través de los inmigrantes chinos.

El primer aspecto para limar un conflicto es hacer ver que no hay personas más importantes que otras. El mediador debe hablar y escuchar a todas las partes y promover una solución que se materialice con el compromiso expreso de habilitar esa respuesta.

El mediador debe ser claramente ajeno al conflicto (incluso lo ideal sería que no fuese integrante del coro), para incrementar la objetividad del proceso. Por eso, Marita Goga interviene como consultora profesional externa.

Durante su charla, Goga desarrolla un ejemplo verídico y lo lleva hasta el extremo: dos coros (uno profesional y otro aficionado) se dan cita para interpretar una obra conjunta. Unos cobran por su actuación, otros no; unos tienen más preponderancia en carteles y programas de mano, mientras los otros se sienten relegados; unos ponen a los solistas principales y otros a los secundarios. Finalmente, las tensiones derivaron en la ruptura de la agrupación sinfónica.

Directores, presidentes de coro, juntas directivas, jefes de cuerda y cantantes necesitan centrar su energía en el arte que producen y transmiten. Para ello, cada uno de estos actores debe asumir su rol. Un rol que debe acotarse, pues hay directores que intervienen de manera omnipresente sobre todos los aspectos de la agrupación que se pone bajo su batuta (desde quiénes son los maestros, directores invitados y su repertorio o régimen de ensayos).

Algo así comprobó Simon Halsey al dirigir un coro en la Alemania del Este previa a la caída del muro de Berlín, donde comprobó de modo extremo las diferencias entre un liderazgo cuya autoridad nace del respeto mutuo, y otro liderazgo impositivo, en el que las decisiones se imponen sin explicación (ni la escucha de la que nace el respeto).

El director inglés menciona también el caso de un coro inglés, no profesional pero de una calidad que le permitía participar en los PROMS. Tras muchos años en activo, el directo resulta despedido de malas maneras. La reacción de los cantantes se acerca al amotinamiento. Las aguas se calmaron cuando el equipo gerencial organizó conciertos con una serie de directores invitados de primer nivel, que llevaron al coro hasta su nivel de excelencia, permitiendo centrar de nuevo la energía en hacer buena música.

Pero lo crucial es prevenir que lleguen a producirse los conflictos más graves. La comunicación es una de las claves, y ceder exclusivamente a medios como el correo electrónico o los mensajes telefónicos, es una garantía para perder el contacto con el pulso real del coro. Es preciso el trato directo y muchas horas de conversación. El director no puede asumir que su coro va a conocerlo desde el primer día para llegar a traducir sin ambigüedades su lenguaje corporal y gestual mientras dirige una obra.

Aquí hay diferencias culturales. Por ejemplo, en Nueva Zelanda la figura del director se centra en conseguir la calidad musical, y los coralistas tienen asumido que su liderazgo no es democrático. Por eso, los aspectos «mundanos» del día a día y sus relaciones, quedan en manos del equipo gerencial.

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Dos de los presentes en la sala, procedentes de Sudáfrica, narran sus respectivos ejemplos de cómo los coros interraciales han demostrado funcionar como elemento integrador, que previene conflictos fuera del escenario.

Un coro, como cualquier comunidad, es fuente de relaciones humanas a veces conflictivas, pero que pueden tratarse con capacidad de comunicación, sensibilidad y mano izquierda, habilidades que se presumen a un director de coro

1 comentario en “Cuando suenan disonancias: resolución de conflictos dentro de un coro. WSCM”

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