La primera polifonía aparece en la Edad Media, vinculada, como no podía ser de otra manera a la música religiosa. Ya en el año 900 los tratados Musica Enchiriadis y Schola Enchiriadis recogen las normas para componer obras polifónicas con ejemplos.

¿En qué consistían esas primeras composiciones polifónicas? Básicamente en adornar el canto gregoriano que tradicionalmente se hacía a una voz con otras voces que los doblaban a la octava, la quinta o la cuarta.

Hay muchos ejemplos de estas composiciones a dos voces, y cabe destacar que históricamente la primera partitura a tres voces podemos verla en la Catedral de Santiago de Compostela, donde se encuentra el Codex Calixtinus.

Poco a poco la composición se va complicando, buscando embellecer cada vez más la melodía, con lo que la melodía original quedaba en la voz más grave, denominada tenor, mientras las otras voces cantan por encima no solo otras melodías, sino que también podían utilizar otros textos; que sin duda mejoraba y enriquecía la música, pero seguro que dificultaba el entendimiento.

Todo esto y mucho más es lo que contamos en nuestro directo semanal. Aquí dejamos el zoomito de esta semana sobre el nacimiento de la polifonía:

El motete

A partir del S. XIII y con el avance de la polifonía el motete fue la forma musical de mayor importancia.

Se trata de una pieza para ser cantada en las iglesias, con textos basados en temáticas bíblicas.

Su nombre procede de el término mot, que significa palabra, y es que en eso consistió inicialmente, en agregar palabras a las que ya tenían las composiciones previas; era una forma de tropo sobre el tenor o melodía gregoriana principal. A esta voz se le fueron añadiendo otras con diferentes textos, en incluso diferentes idiomas que fueron llamadas duplum y motetus. Si existían más voces se seguían numerando como triplum, quadruplum…

A pesar de que su inicio fue sacro pronto encontró su lugar dentro de la música profana, que es en la que nos centraremos en este artículo. En la construcción de estos motetes profanos el tenor seguía siendo una melodía gregoriana y en latín, aunque totalmente desfigurada por la prolongación de los sonidos; a esta se añadía una segunda voz (el duplum) generalmente también en latín y con texto religioso y después una tercera voz (el motetus) que solía ser de texto profano y en francés. En apariencia estos textos no tenían nada que ver entre si, pero en general era solo en apariencia, puesto que sí les unían simbolismos, metáforas y todo tipo de juegos de palabras y significados.

Sobre todo en los siglos XV y XVI la polifonía llegó a su momento más álgido, encabezada por los compositores franceses Guillaume Dufay, Josquin Desprez, Clement Janequin, Johannes Ocheghem.

Desde ahí se fueron expandiendo hacia el resto de Europa y por la influencia del Camino de Santiago uno de los primeros lugares de esa expansión fue España, donde destacan nuestros principales compositores, Tomás Luis de Victoria, Cristóbal de Morales o Francisco Guerrero.

La chanson francesa

A pesar de que el término chanson significa canción y se aplica por ello a cualquier canción francesa, históricamente la chanson se identifica con estas primeras polifonías del Renacimiento.

Las primeras chansons fueron para dos, tres o cuatro voces, en ocasiones a cappella y otras con acompañamiento instrumental, generalmente de ritmo ligero, muy rítmicas y silábicas.

La temática más habitual, como no podía ser de otra manera, era la amorosa, pero no fue la única.

Uno de los tipos de chanson más llamativos y que más han pervivido en la interpretación habitual es la chanson descriptiva;  en ellas se puede narrar una gesta o cualquier tema general, sin demasiado interés a priori, pero que alcanza la virtuosidad por el uso de onomatopeyas para ilustrar todo el conjunto. Probablemente la más famosa en este ámbito es La guerra, en la que Janequin reflejaba su particular visión musical de la Batalla de Marignan.

Como ejemplo, en una versión peculiar, no por su calidad interpretativa sino por lo que clarifica el movimiento de las líneas melódicas es digna de ver esta versión de Le chant des oiseaux de Clement Janequin.

Dentro del repertorio de Singerhood se puede aprender Il est bel et bon, que refleja una discusión entre dos mujeres sobre sus maridos y en la que se percibe cómo cacarean. Puedes encontrar un completo análisis de esta obra en este artículo monográfico de nuestro blog: Il est bel et bon.

Obviamente no todo son risas, aunque nos encantan estas curiosidades musicales no nos podemos marchar sin recomendaros estudiar y practicar Mille Regretz, probablemente el great hit de la polifonía francesa renacentista. Gracias Josquin Desprez, por esta joya.