La dirección coral es un deporte de alto riesgo, y su precariedad laboral  mucho más, por esto nos gustaría hacer una reflexión sobre la vida de los directores y directoras de coro; una reflexión sobre sus derechos y sobre las demandas e ideas que Singerhood propone al respecto.

El inicio de todo es cuando comienzas a pensar en pertenecer a un coro, comienza la búsqueda para encontrar un  grupo donde cantar, compartir, disfrutar… en definitiva, hacer realidad tu viejo anhelo de ser artista. 

Pero… (y dice una buena amiga que tras un pero hay poco) junto a ese coro suele estar una figura poco valorada por el mundo, no por sus coralistas, que lo adoran, esa figura es ¡el director! 

Se trata de una persona siempre muy bien formadacon alta cualificación. A menudo son músicos profesionales, profesores, filósofos, estudiosos, gente con muchos años de estudio a su espalda y mucha psicología de grupos en su mente, para coordinar treinta o cuarenta voluntades, siempre distintas y a veces díscolas… 

Son los artífices de conseguir ese pequeño milagro del concierto, son quienes acompañan, sufre desafinaciones, bajadas de tonodespistes en el tempo. Sin duda un personaje poco reconocido. 

Pero ese director/a es también una persona que sufre (y más ahora, en tiempos de pandemia) una precariedad económica y laboral absolutamente inaceptable. 

Viendo la situación en la que viven los directores y directoras, hay que tener mucha afición por el canto en coro para seguir así. 

Estas figuras musicales las pasan (perdón por la expresión) “putas” para llegar a fin de mes. A duras penas consiguen que los coralistas sufraguen sus costes y los más afortunados que les paguen la Seguridad Social. Se dejan las horas en las carreteras de coro en coro (los que tienen la suerte de dirigir varios) para cobrar salarios de 200 al mes y por tanto compaginar su oficio coral con cualquier otro que les permita tener el sustento necesario.

Cómo mejorar la situación de la dirección coral

Llegados a este punto, parece imprescindible hacer algo. Permítenos una reflexión adicional. Ahora hablaremos de derechos. 

En el mundo de la música están las editoriales, que cobran sus derechos, los autores que cobran también sus derechos y los intérpretes que también pueden cobrar sus derechos. Nuestros Directores y Directoras son los únicos que no  obtienen ningún devengo por lo que los demás ingresarán algo (otra cosa es la cuantía, pero ese es otro tema). 

Si, ellos y ellas son los que nos preparan para nuestra gran gala. Las editoriales nos habrán vendido sus flamantes partituras, Singerhood habrá cobrado por el acceso a las canciones grabadas, la SGAE habrá perdido el culo por pasar la factura del concierto, el compositor recibirá unos céntimos de esto y el Director de Coro saldrá sonriente a saludar, vestido de gala e invitado por el director de orquesta, ¡claro!, y después, se marchará a casa feliz e igual de pobre… 

Desde Singerhood estamos convencidos de esta injusticia. Por algo nos llamamos así, somos el Robin Hood de los coros. Bromas aparte, que esto no es de risa.

Desde Singerhood vamos a empezar a pagar el “Derecho del Director/a”. Animamos a las asociaciones de Directores para que insten a las administraciones para el reconocimiento de este derecho a nivel institucional. Nosotros estaremos cerca. Mientras esto se convierte en realidad hemos decidido retribuir a los Directores/as que creen en nosotros. Tienen derecho a ser reconocidos y obtener esa digna y justa proporción de ingreso que genera su trabajo. En nuestras conversaciones con la SGAE todavía no hemos encontrado el camino para materializarlo institucionalmente.

Singerhood ha decidido unilateralmente pagar el 10% de los ingresos a todos los directores que usan nuestros materiales.

Creemos que es lo justo. Creemos que es su derecho.